DE "MODAS Y TENDENCIAS"
EL PORQUE DEL ASCENSO DE LA ULTRA DERECHA INTERNACIONAL, EL VOTO JOVEN Y DE CLASE TRABAJADORA, LA PROPAGANDA Y LOS DUEÑOS DEL PODER MEDIATICO.
🧨 La maquinaria del odio: medios, redes y el nuevo fascismo cool
Vivimos en una era donde los medios de comunicación y las redes sociales han dejado de informar para convertirse en fábricas de odio, alienación y manipulación. No son herramientas neutrales: son aparatos al servicio de sus dueños, multimillonarios que han comprendido que para instalar la ultraderecha como única opción “salvadora”, primero hay que destruir todo lo colectivo, lo social, lo solidario.
La estrategia es clara: bombardear a la juventud con un sueño aspiracionista vacío, donde “vales lo que tienes” y el éxito se mide en seguidores, relojes caros y frases de autoayuda. El influencer reemplazó al pensador. El algoritmo premia el egoísmo, la crueldad y la ignorancia. Y mientras tanto, los libros se cierran, la historia se olvida, y el pensamiento crítico se convierte en una amenaza.
Las fake news y los bulos no son errores: son armas. Se diseñan para sembrar odio, para poner a los pobres contra los pobres, para que el trabajador precarizado culpe al inmigrante, al musulmán, al diferente, en vez de mirar hacia arriba, hacia los verdaderos responsables: los empresarios que especulan con la vivienda, los socios de la ultraderecha que lucran con el hambre, los comunicadores de poca monta que desde YouTube y TikTok fabrican enemigos imaginarios mientras ocultan a los verdaderos.
La crisis habitacional, los alquileres imposibles, la falta de oportunidades no son casualidades: son consecuencias de un modelo que busca eliminar el Estado de bienestar y reemplazarlo por la ley del más fuerte. Y en ese modelo, el fascismo se disfraza de “sentido común”, de “libertad”, de “anticorrupción”, como si la corrupción fuera el único mal, ignorando que hay males peores: la evasión fiscal, la fuga de capitales, la acumulación obscena de riqueza, la destrucción del empleo digno.
Lo más perverso es que esta propaganda logra seducir incluso a sectores de la clase trabajadora, que históricamente fueron víctimas de la ultraderecha. Hoy, muchos creen que esa misma ultraderecha puede ser solución. ¿Por qué? Porque los medios les han enseñado a odiar lo público, lo común, lo compartido. Porque les han vendido que ser mala persona está bien, que burlarse del débil es gracioso, que la empatía es de perdedores.
Pero no lo es. La inmigración no es un problema: es parte de la solución. La diversidad no es amenaza: es riqueza. Y el Estado no es enemigo: es el único escudo que tenemos frente a los que quieren convertirnos en mercancía.
Este nuevo fascismo, disfrazado de modernidad, nos quiere solos, enfrentados, confundidos. Pero aún hay tiempo para despertar, para leer, para pensar, para resistir.
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